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Aiguille du Midi (3842 m)
Ficha
Imagen portada de la excursión
Fecha 14 de Julio de 2008
Tipo de excursión Alpinismo
Dificultad F+, 20 Km., +3250m., -3250m.
Conseguida Conseguido Sí
Excursión visitada 3387 veces ( 1 esta semana )

Resumen

Intento al Mont Blanc en Julio del 2008 que terminó siendo una casi ascensión al Mont Blanc du Tacul y una ascensión a l'Aiguille du Midi.

Crónica

Sobre Marzo del 2008 me llegó la oportunidad de ir por primera vez a los Alpes, podía apuntarme a un grupo con experiéncia en varias salidas por allí, aunque había algo que me preocupaba...este año ellos iban a intentar el Mont Blanc. Lógicamente, yo hubiera preferido algo más sencillo para empezar, pero entendía también sus motivaciones. O lo tomaba o lo dejaba.

De entrada rechacé la propuesta, no creía que fuese la mejor manera de empezar con los cuatromiles. Creía que aun teniendo una forma física aceptable quizás era demasiado para mí y podía chafarles la salida. Me fueron convenciendo poco a poco, a medida que también se complicaba la ruta prevista.

Si bien la primera idea era intentarlo por la ruta normal del Goûter, decidimos atacar el Mont Blanc casi desde Chamonix, tomando únicamente el cremallera que nos llevaría al glaciar del Mer de Glace, a 1.600m. Además con tienda, preveyendo mínimo 2 noches de acampada. Había que intentarlo y hacerlo lo más bonito posible, aunque ello significase tener que salvar unos 3.200m de desnivel.

Día 1

Salimos el día 14 de Julio de 2008 al que sería mi primer contacto con los Alpes. Ilusión, moral y acojone a tope en nuestra flamante Mercedes Vito alquilada a un precio más barato del que tocaba (una larga historia). Adrenalina pura en la cordada de 4.

Después de unas cuantas horitas en coche con paradas en las maravillosas “Aires” de descanso francesas (comida a fogoncillo para denotar nuestro origen) llegamos a Chamonix, donde nos recibió el majestuoso glaciar de Bossons.

No tuvimos más vistas pues estaba tapado en las alturas. Lo primero fue ir a celebrar tan notable llegada con unas cañas en un bar “Chamonixense”. 2,50€ la birra, podría ser peor. Posteriormente iniciamos la búsqueda de camping (en nuestro caso Le Mer de Glace), donde ya tuvimos las primeras vistas de los míticos Drus, así como de l’Aiguille du Midi y la Dôme du Goûter.

Al atardecer, cenita copiosa en el camping acompañada de un Burdeos que no estaba nada mal. Y tarta de frambuesas buenísima de una pastelería local.

Día 2

Nos levantamos pronto y empezamos a clasificar material y a montar la generosa mochila que nos permitiría sobrevivir unos 4 o 5 días. Mucho peso: comida a tope, media tienda de campaña por cabeza y mucho hierro.

Enfilamos hacia la estación de Chamonix desde donde sale el cremallera que nos subiría a Montenvers. Abandonamos a Vito a su suerte y esperamos que al cabo de unos 5 días siguiese en el mismo lugar.

El trayecto en cremallera es muy agradable y como sabes que esa va a ser tu última comodidad en días, lo disfrutas como un macaco. Los nervios crecen.

Desde Montenvers hay una magnífica vista del Mer de Glace con las Grandes Jorasses al fondo. Ese es el paisaje que nos va a tocar sufrir y disfrutar durante 1 o 2 días, depende de las fuerzas. La cosa empieza a ponerse divertida cuando bajamos los 200m de escaleritas que dan acceso al glaciar.

Con mucho cuidado vamos avanzando poco a poco hacia el hielo. Al llegar, hay muchos grupos con guía haciendo prácticas en el glaciar. Crampones, piolet, encorde y empezamos a caminar…después de media hora ya estamos completamente solos en el camino. No existe fauna tan irresponsable como la nuestra para subir por allí. Salimos desde unos 1.600m de altura.

La travesía glaciar discurre sin problemas. Las grietas están al descubierto sin nieve que las cubra, y tenemos un magnifico día que nos deja en mangas de camisa y 4Kg de crema factor 65 en nuestros cuerpos. A un ritmo muy bueno llegamos a los Séracs du Géant a mediodía.

Aquí hay discrepancias. Para rodear los séracs, yo había investigado rutas por la izquierda en el propio glaciar (parecía posible), mientras que los compañeros insistían en que debíamos subir hacia la derecha al refugio de Requin, para rodearlo por lo alto en roca, bajando posteriormente el glaciar de nuevo. Yo me sometí rápidamente a la voluntad del grupo sabiendo que por Requin era valor seguro (si bien cansado) y que de la otra manera podríamos meternos en un berenjenal histórico.

El acceso a Requin es una odisea agotadora o algo muy divertido. Para mi fue la primera. Es un acceso vertical en ferrata, escaleras y cuerdas fijas. Un caos donde siempre tienes donde agarrarte y donde no paras de preguntarte “¿Por qué subo tanto?”. Yo, sin experiencia ni forma física en ferratas terminé muy cansado. El último tramo desde donde termina la ferrata al refugio propiamente dicho fue un calvario para mi…estaba agotado por la tensión y necesitaba comer. Retrasé bastante al grupo en ese tramo, pero por fin llegamos al refugio, que es precioso y con unas vistas alucinantes. Ver desde lo alto el mar de séracs es un espectáculo como pocos en la vida.

Después de un descansillo, hidratación y más comida, continuamos la marcha, esta vez en descenso para retomar el glaciar. La bajada está muy mal indicada y nos perdimos unas cuantas veces en puntos delicados. Por fin retomamos el hielo a la tarde. El objetivo de acampar en el Col du Midi estaba ya muy difícil. Aun quedaban horas de camino para llegar e íbamos cansados por el rodeo de los séracs. Decidimos avanzar lo posible hasta aproximadamente las 7 de la tarde, momento en el cual plantamos nuestras tiendas a 2.700m sobre un manto de nieve que cubría el glaciar (previa exploración del terreno en busca de grietas ocultas). Sobre las 8 de la tarde nos quedamos sin el calor del sol. Bajó mucho la temperatura, así que cenamos rápido y a dormir. Pasamos bastante frío, las esterillas no paraban el efecto del hielo y dormimos bastante mal. Para mejorar el ambiente, de cuando en cuando se oía algún desprendimiento lejano y daba mal rollo.

Día 3

Nos levantamos algo tarde, sobre las 9, pues el objetivo era alcanzar el Col du Midi, que está a unos 3.400m. Por tanto, en esa etapa sólo teníamos que afrontar unos 700m de desnivel sin aparentes complicaciones. Tuvimos un día estupendo y al poco de empezar a caminar, de nuevo estábamos en mangas de camisa con las Grandes Jorasses i el Dent du Géant acompañando nuestra marcha. Algo glorioso. Subiendo1, subiendo2, subiendo3, subiendo4.

La travesía discurrió normalmente y a mediodía estábamos por fin en el Col du Midi. Alguien descubrió que había cobertura telefónica y pusimos al día a amigos y familiares de donde estábamos y el plan a seguir. Llegamos a la zona donde se suele acampar, a los pies del refugio de Cosmiques y nos afincamos una “plaza” libre, o sea, un hueco en la nieve de una tienda reciente. Descansamos brevemente comentando la preciosa subida de estos 2 días y cómo valía la pena subir desde abajo y no en teleférico hasta l’Aiguille du Midi.

El esfuerzo se compensa con creces y, como descubrimos posteriormente, la aclimatación es excelente. La idea era dormir esa noche en el Col du Midi, pero después del frío que pasamos a 2.700 y estando a pies del refugio, decidimos ponernos señoritos y subir a preguntar si tenían plazas. Misión casi imposible que encabezamos Alberto y yo, mientras Ricard i Jordi se quedaban tomando el solete ocupando la parcela.

Desde el Col du Midi hasta el refugio de Cosmiques hay 200m de desnivel que se nos hicieron bastante pesados después de la palicilla anterior (eso si, esta vez sin mochilones). Llegamos al refugio y nos dijeron que disponían de 4 plazas sólo para esa noche. La meteo estaba aun pendiente. Rápidamente aceptamos, bajamos hasta el Col y volvimos a subir todos nuevamente los 200m (esta vez cargaditos, yo llegué reventado). Así pues, este segundo día de marcha conseguimos repetir los 1.100m de desnivel del día anterior.

Una vez instalados y previa cervecita y comida, fuimos a consultar la meteo y nos llevamos un buen mazazo. Las previsiones eran nefastas. estábamos a miércoles y únicamente teníamos disponible una ventana de buen tiempo el jueves a la mañana. A partir de jueves mediodía, se preveía mucha nubosidad y fuertes vientos. Esta previsión se mantendría viernes y quizás sábado. Así de sencillo fue como nos quedamos sin Mont Blanc. La montaña no nos dejó subir, y ante tal hecho no hay nada que hacer. Puede opinarse que desperdiciamos dos días espléndidos subiendo desde Montenvers en los cuales podríamos haber aprovechado para hacer cima si hubiésemos empezado desde l’Aiguille du Midi llegando en teleférico. Yo no cambio la travesía glaciar por nada, el plan fue inmejorable, aunque seguramente la próxima vez lo haremos diferente.

La idea inicial era descansar al día siguiente (jueves) y viernes intentar el Mont Blanc, pero ante tales expectativas era una apuesta demasiado arriesgada: dormir 1 noche mas en tienda con mal tiempo (no teníamos refugio), y con malas previsiones para el viernes. Tampoco teníamos comida ni refugio para esperar 2 o 3 días a que mejorase el tiempo. Así pues estudiamos planes alternativos. Decidimos intentar el Mont Blanc du Tacul el jueves a la mañana y a mediodía tomar el teleférico de l’Aiguille du Midi de vuelta a Chamonix. Era la opción mejor y más factible que había. Hubo diferentes reacciones en el grupo. Yo reconozco que al ir de pardillo y con expectativas bajas, no me dolió tanto el golpe. El Tacul sin jornada de descanso ya me parecía una empresa difícil de digerir (decidí no quejarme y entregar mi cuerpo a los dioses alpinos para que decidiesen mi futuro).

Cenamos un cus-cus preparado con nuestros maravillosos hornillos en la terraza del refugio, que tiene unas vistas impresionantes. Por un lado el Col du Midi, y girando en sentido horario el Mont Blanc du Tacul en todo su esplendor con el Mont Maudit asomando al fondo. Y en la otra vertiente de la arista, ni mas ni menos que primer plano del Dôme du Goûter y el Glacier des Bossons con la Jonction (se llega a apreciar el Refugio de Les Grands Mulets) y Chamonix tan abajo (2.600m de desnivel) que parece papel pintado de fondo. Algo mágico. Así nos comimos el cus-cus, sin mediar palabra, decepcionados por saber que no haríamos el Mont Blanc pero alucinando con aquella vista.

Día 4

Nos levantamos a las 3am. Almorzamos algo y al salir a la terraza a ver el tiempo, vimos un espectáculo increíble: multitud de lucecitas subían por la loma del Tacul camino al Mont Blanc. Aquella procesionaria luminosa no se me olvidará nunca. En pocas horas nosotros éramos unas de esas luces. Los irresponsables que se atrevían con el Mont Blanc aquel jueves se habían levantado sobre la 1am y algunos de ellos volverían en helicóptero, tal como vimos. Momentos antes de la ascensión, intentamos aplacar los nervios.

Nos pusimos en marcha con los frontales, el tiempo estaba bien. Un poco frío pero íbamos bien abrigados. En poco más de una hora llegamos a la primera rimaya, donde descansamos brevemente para seguir hacía arriba con buen ritmo. Más tarde empezó a soplar un aire frío y tuvimos que abrigarnos completamente, si bien el cielo estaba bastante despejado.

Conseguimos llegar a la segunda rimaya sin problemas, aunque yo estaba bastante cansado por el tute realizado durante esos 3 días. La nieve no estaba en sus mejores condiciones aunque se avanzaba sin problemas por la huella.

Una vez llegados a la 3era rimaya, vimos dos opciones. La primera, una huella que subía fuertemente hasta el hombro del Tacul (desde el cual se podía hacer cima o seguir hacia el Mont Blanc) y la segunda que bordeaba la cornisa del Tacul con una última pendiente hasta cima.

Esta última parecía la más indicada para llegar directamente a la cumbre, aunque se veía bastante expuesta. Nos decidimos por ella y al poco rato vimos que estaba en pésimas condiciones. Muy expuesta, con huella muy degradada y con una caída a la izquierda sin final.

Lo pasamos bastante mal, conscientes de lo que supondría un error (el piolet difícilmente se anclaría sobre una nieve bastante blanda). Tampoco teníamos posibilidad de retroceder, así que seguimos muy lentamente, mientras algún helicóptero de rescate pasaba sobre nuestras cabezas en dirección al Mont Blanc. Después de una última pendiente terrible (yo estaba totalmente agotado por el cansancio acumulado y los nervios del último pasaje) alcanzamos la parte final del hombro, y ya teníamos vistas de la cima. Estábamos a 4.150m y lo más importante: a salvo. En ese punto, a unos 70m de la cima yo me retiré, el último tramo era un mixto de roca y hielo bastante expuesto. Tal como estaba de agotado (llegué al hombro literalmente “de rodillas”), podría haber subido pero no habría tenido coraje ni seguridad para bajar. Además hacía un aire helado de espanto. Así pues me quedé tan ancho en el Hombro, mientras veía subir a mis compañeros.

Yo había conseguido mi objetivo personal: superar los 4.000m. Los compañeros tardaron casi 1 hora en subir y bajar aquellos 70m, también estaban cansados pero aun tenían fuerzas. Mientras esperaba, yo no paré de caminar con mi bolsa de agua debajo del abrigo (se estaba congelando), ya que hacia tal viento helado (no se cuál sería la sensación térmica) que no podía quedarme quieto y necesitaba comer y beber para la bajada. Así pues anduve durante una hora en un círculo perfecto, con todo mi abrigo, esperando la bajada de los compañeros.

Pude beber y zamparme sin hambre 2 barritas. Me fue perfecto ese tentempié para la bajada. Desde donde estaba podía verse el Mont Blanc y me prometí que volvería a intentarlo en un futuro. En su cumbre se veía una nube que no auguraba nada bueno para los que se dirigían hacia allí. Vistas desde la cima del Tacul.

A la bajada no hubo problema, aparte de algún punto con bastante pendiente que había que destreparlo de espaldas y lentamente. El piolet nos fue imprescindible durante toda la travesía.

Llegamos de nuevo al Col du Midi a mediodía con una visibilidad penosa y un aire helado que levantaba nieve que nos arañaba la cara. Después de un pequeño descanso aun nos quedaban 300m de subida hasta l’Aiguille du Midi que se hicieron eternos.

Con el mal tiempo, enfilamos la Arista de los Cósmicos, que al principio es muy ancha y cómoda. Al cabo de un rato pierdes uno de los lados de la cornisa, pero piensas….”bueno, puedo clavar el piolet en el otro”, y te sientes protegido. Luego te das cuenta que el camino sin visibilidad se hace muuuuuy largo y sin saber cómo, te das cuenta que has perdido la otra cornisa (tienes el vacío a ambos lados). Pero piensas….”bueno, la traza es bastante ancha” (un metro aproximadamente). Luego oyes los altavoces de la torre y sabes que estás cerca y en ese momento es cuando ves que la traza se ha estrechado a dos palmos (lo justo para que quepan los 2 pies) y ya no piensas nada y sigues hacia arriba agotado como estás y sintiendo (aunque afortunadamente no viendo) el vacío que tienes a ambos lados. Más que miedo tienes rabia. Si he llegado hasta aquí, de esta salgo vivo.

El siguiente recuerdo que tengo es de mi compañero gritando con voz temblorosa: “si uno se cae, el siguiente que se tire al otro lado de la arista”. Claro, muy bien, gracias por los ánimos.

Por último tienes dos visiones surrealistas: la primera, a tu compañero de cordada que va delante arrodillado en la arista, con el piolet clavado asegurándote en la entrada de la cueva de hielo. La segunda es la de un niño en pantalones cortos en la plataforma de entrada de la torre mirándote asustado y con cara de “¿de donde ha salido este?”. Los grupos de turistas, defraudados por sus euros gastados en la subida a l’Aiguille du Midi un día de nula visibilidad nos miran mal, cogen a sus hijos y los apartan a nuestro paso no sea que se les pegue algo. Nosotros estamos demasiado ocupados sintiéndonos vivos.

A la llegada, risas histéricas, nos quitamos la escarcha de los cuerpos y descansamos tranquilos. A no ser que se rompa el teleférico, podemos decir que ya estamos a salvo.

Compramos el ticket (18€, como si hubiese valido 200, teníamos que bajar de allí). Nos empecinan en el teleférico. 4 tíos olorosos junto a un rebaño de gente decepcionada por las vistas. En 20 minutos estamos en Chamonix como quien aterriza en Marte… después de creérnoslo llegamos a nuestra furgona (ahí estaba, impasible), dejamos los mochilotes y abrimos traza hasta el bar más cercano. 2 rondas y llamadas a amigos y familia. Siguiente objetivo: comida. Saqueamos el McDonalds (ya habría tiempo para comida de celebración) y volvimos a abrir huella hasta 2 o 3 bares más. Ya bien contentos, nos decidimos a buscar camping para aquella noche donde dejar descansar nuestros maltrechos cuerpos antes de la vuelta. Dormimos en Les Molliasses, otro buen camping de la zona.

Último festín de cena con un Borgoña (al cual no le encontramos la gracia) y festival de sueño (unas 10 horas). Al día siguiente vuelta a Barcelona, llegando a media tarde. Cada uno a su casa y cena de celebración como está mandado en el mejor restaurante de Granollers. Aseados y bien vestidos casi ni nos reconocemos…

Durante la escritura de este relato me llega la noticia del sérac caído en el camino de ascensión al Tacul el pasado 24 de Agosto y que se ha llevado por delante la vida de 8 montañeros. Descansen en paz.

by Xavi P.

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